La Sierra
Nevada de Santa Marta es un macizo independiente del sistema andino
que se eleva desde el mar hasta 5.775 metros de altura, constituye
un ecosistema único en el mundo, es éste el escenario
donde ésta ubicada Teyuna, en el lenguaje indígena
y Buritaca 200, entre los arqueólogos y comúnmente
Ciudad Perdida.
Ciudad Perdida es una soberbia muestra de un emplazamiento urbano
tayrona en las cabeceras del río Buritaca, a unos l.200 metros
de altura s.n.m. Allí los arqueólogos colombianos
han rescatado a la selva a fines de los setentas dos centenares
de la terrazas originales, las calles y caminos, los sistemas de
acueducto y alcantarillado de una de las muchas ciudades precolombinas
de la Sierra, notablemente espectacular por el paisaje y la morfología
del terreno.
Este es un programa que toma tres días de ascenso y dos de
descenso, como mínimo, incluida una noche en el centro arqueológico.
Se duerme en campamentos de paso, rústicos y estrechos (hamaca
y sleeping-bag) y se está sujeto a una alimentación
muy rudimentaria suministrada por el propio guía. Se debe
ir bien provisto de protección contra los insectos y con
impedimenta liviana. Hay dos caminos principales para llegar a la
ciudad:
El preferido por los baquianos y el que nuestra empresa
utiliza, que sube por la margen del río Guachaca, atravesando
la región de El Mamey (adonde se llega en vehículo
por un carreteable muy deteriorado, a dos horas y media de Santa
Marta). De allí parte la ruta de caminantes, que atraviesa
dos pequeñísimos poblados indígenas Koguis:
Mutanshi y Koskúnguena, este último casi abandonado.
El final es una gran escalinata en piedra con más de dos
mil escalones, por la que se entra a las ruinas. En esta ruta hay
qué cruzar el río Buritaca en varias oportunidades,
y ello supone precaverse del riesgo de crecientes. Es una ruta más
corta pero de menor interés paisajístico y naturalista
El otro camino supone también un trecho en
campero que va a Minca, y de allí a La Tagua, por una carretera
en mal estado. De La Tagua parte una primera jornada muy pintoresca
que cruza varias zonas de bosque húmedo y profundo, a veces
de niebla, con ascensos y descensos alternados hasta llegar a "Filo
Cartagena", donde hay un pequeño refugio de caminantes
a cargo de una de las fundaciones dedicadas a la conservación
de la sierra.
La segunda jornada es también pintoresca,
e igualmente con varios pasos sobre ríos cristalinos de gran
belleza, pero mucho más difícil; termina en "Alto
de Mira", otra estación equipada para caminantes, sobre
las ruinas de un asentamiento Tayrona parcialmente excavado; el
tercer día es un camino muy exigente, por terreno difícil
(ineludiblemente a pié), cruzando los ríos Guachaca
y Buritaca.
El viajero debe tener en cuenta
que el mérito del viaje es disfrutar del camino mismo, y
ello supone fijar unas claras condiciones a los guías, quienes
tienden a hacer de cada jornada una simple prueba de esfuerzo.
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